El post de hoy no va sobre marihuana medicinal, pero es igualmente interesante. Resulta que la trufas (las de comer, no las setas de la risa) contienen enzimas del sistema endocannabinoide y anandamida… quizás por eso a los humanos nos gustan tanto! ¿Te interesa saber más? ¡Sigue leyendo!


Título original del estudio: Truffles contain endocannabinoid metabolic enzymes and anandamide

Autores y universidades:

  • Giovanni Pacioni, Osvaldo Zarivi, Marco Leonardi, Sabrina Colafarina y Michele Miranda – Department of Life, Health and Environmental Sciences, University of L’Aquila (Italia).
  • Cinzia Rapino y otros coautores – Faculty of Veterinary Medicine y Faculty of Bioscience and Technology for Food, Agriculture and Environment, University of Teramo (Italia).
  • Natalia Battista y Daniela Barsacchi – European Center for Brain Research / IRCCS Santa Lucia Foundation (Roma, Italia).
  • Mauro Maccarrone – Center of Integrated Research, Campus Bio-Medico University of Rome (Italia).

Revista y fecha de publicación: Phytochemistry, 1 de diciembre de 2014.

Extracto del estudio

Los autores estudiaron la trufa negra Tuber melanosporum y encontraron que este hongo contiene enzimas clave del sistema endocannabinoide (las que sintetizan y degradan endocannabinoides) y niveles detectables de anandamida, un endocannabinoide implicado, entre otras cosas, en la síntesis de melanina.

La cantidad de anandamida aumenta en las últimas fases de maduración de la trufa, mientras que otro endocannabinoide importante (2-AG) apenas se detecta.

Curiosamente, la trufa no expresa los receptores cannabinoides típicos (CB1, CB2), por lo que los autores sugieren que la anandamida podría actuar como “recompensa nutricional” para los animales que consumen trufas y que sí disponen de estos receptores en su sistema nervioso.


Un sistema endocannabinoide sin receptores cannabinoides clásicos

El estudio analizó trufas negras maduras (Tuber melanosporum) y detectó la presencia de los principales enzimas metabólicos del sistema endocannabinoide, tanto a nivel de ARN mensajero como de proteína. Es decir, la trufa produce las “máquinas” necesarias para fabricar y degradar endocannabinoides como la anandamida.

Sin embargo, cuando los investigadores buscaron los receptores clásicos CB1 y CB2 –los mismos que activan moléculas como el THC o parte de los efectos del CBD de manera indirecta–, no los encontraron en la trufa. Esto hace pensar que las enzimas y la anandamida podrían haber aparecido evolutivamente antes que los receptores cannabinoides en animales.

Anandamida que aumenta con la maduración de la trufa

Los autores midieron las concentraciones de anandamida (AEA) en distintas fases de desarrollo de la trufa, de la etapa III a la VI. Observaron que en las fases tempranas la anandamida es prácticamente indetectable, pero en las fases finales (V y VI) su nivel aumenta de forma notable.

En cambio, el otro gran endocannabinoide, 2-AG (2-araquidonoilglicerol), estaba por debajo del límite de detección en todas las muestras. Esto refuerza la idea de que la anandamida es el endocannabinoide protagonista en este organismo concreto.

Una posible “señal química” para atraer a los animales

Las trufas dependen de los animales que las comen para dispersar sus esporas. Los autores plantean una hipótesis sugerente: que la anandamida de las trufas actúe como un “premio químico” para mamíferos con sistema endocannabinoide funcional. Al consumir trufas ricas en anandamida, estos animales sentirían una recompensa que favorecería que sigan buscándolas y, sin saberlo, ayuden al hongo a expandirse.

En otras palabras, las trufas hablarían el mismo lenguaje químico que nuestro sistema endocannabinoide, aunque ellas no tengan los receptores, sino los animales que las comen.


Qué es la anandamida y qué tiene que ver con el CBD

Para situarnos, conviene diferenciar dos grandes grupos de moléculas:

  • Endocannabinoides: son los cannabinoides que fabrica nuestro propio cuerpo (y el de otros animales). Ejemplos: la anandamida (AEA) y el 2-AG.
  • Fitocannabinoides: son cannabinoides producidos por plantas, como el cáñamo. Aquí entran el CBD, el CBG, el CBN y muchos otros.

Ambos tipos de moléculas interactúan con el sistema endocannabinoide, un conjunto de receptores, enzimas y mensajeros lipídicos que ayuda a regular procesos como el sueño, el apetito, el estado de ánimo, la percepción del dolor o la respuesta al estrés.

La anandamida: el “endocannabinoide de la felicidad”

La anandamida suele llamarse el “endocannabinoide de la felicidad” porque participa en la regulación del placer, la motivación y la sensación de bienestar. Se une a receptores como CB1 y CB2 en el sistema nervioso y otros tejidos.

El estudio de las trufas nos recuerda algo clave: el sistema endocannabinoide no es patrimonio exclusivo del cannabis. Es un sistema biológico antiguo y extendido, y las plantas (y hongos) han aprendido a comunicarse con él usando moléculas que lo modulan.

CBD, CBG, CBN…: cómo encajan en este sistema

Los fitocannabinoides como el CBD no son copias exactas de la anandamida, pero sí interactúan de forma directa o indirecta con las mismas rutas:

  • El CBD puede influir en cómo se degrada la anandamida, favoreciendo que se mantenga más tiempo disponible en el organismo.
  • El CBG y el CBN tienen sus propios perfiles de acción y afinidades, y también modulan el sistema endocannabinoide y otros receptores.
  • Cuando se usan juntos (por ejemplo, en un aceite full spectrum), pueden generar el llamado “efecto séquito”, donde la combinación de cannabinoides y terpenos produce un efecto global diferente al de cada compuesto aislado.

Lo que este estudio aporta a quien consume productos con CBD

El sistema endocannabinoide como “lenguaje común”

Que un hongo como la trufa negra produzca anandamida y enzimas endocannabinoides refuerza una idea clave: el sistema endocannabinoide es un lenguaje biológico compartido. Los fitocannabinoides de la planta de cannabis (CBD, CBG, CBN…) se “aprovechan” de ese lenguaje para modularlo.

Por eso, cuando hablamos de CBD no hablamos de algo que “viene de fuera” y actúa sin más, sino de un compuesto que interactúa con un sistema que ya está en nuestro cuerpo, diseñado para responder a endocannabinoides como la anandamida.

Por qué tiene sentido hablar de “efecto séquito”

El hecho de que la anandamida sea solo una de las piezas del sistema endocannabinoide encaja bien con la idea de que, en la planta de cannabis, los cannabinoides funcionan mejor juntos. Los productos aceites CBD full spectrum de MariaJoana conservan una combinación de cannabinoides y terpenos que buscan respetar esa complejidad natural de la planta.

De esa manera, se intenta modular el sistema endocannabinoide de forma más fina y completa que con un único compuesto aislado.

Aunque el estudio de las trufas no habla de CBD, sí nos ayuda a entender por qué tiene sentido diseñar productos que actúen sobre el sistema endocannabinoide aprovechando la sinergia entre varias moléculas.


Cómo integrar el CBD en tu día a día (usos legales y responsables)

1. Aceites CBD para rutinas de bienestar

Los aceites de CBD full spectrum son una de las formas más versátiles de trabajar con cannabinoides. 

  • Ten siempre presente el etiquetado y las recomendaciones de uso del fabricante.
  • Si tienes una condición médica, consulta con un profesional sanitario antes de incorporar productos con CBD.

2. Flores y resinas CBD

Si lo tuyo es el mundo del cannabis aromático, en MariaJoana tienes flores de CBD con contenidos de THC inferiores al 0,3%

  • Puedes utilizarlos en vaporizadores compatibles o como ambientadores, siempre respetando la normativa vigente.
  • Revisa las analíticas de cada lote (muchos productos las enlazan mediante código QR).

3. Elegir el cannabinoide adecuado para tu objetivo

Al igual que la anandamida cumple un papel específico en el organismo, cada fitocannabinoide tiene su perfil:

  • CBD: el más estudiado, no psicoactivo, con un gran protagonismo en productos de bienestar.
  • CBN: se está explorando sobre todo en productos orientados al descanso nocturno.
  • CBG: muy presente en formulaciones que buscan un enfoque más “equilibrante” general del sistema endocannabinoide.

En MariaJoana hemos revisado un estudio de la Universidad de Yale sobre CBD, CBG y CBN para el dolor crónico, ideal para ampliar información antes de elegir producto.


Conclusiones: por qué las trufas y el CBD hablan el mismo idioma químico

Este estudio sobre la trufa negra nos deja una idea fascinante: la anandamida y el sistema endocannabinoide son mucho más antiguos y universales de lo que pensábamos. Incluso un hongo subterráneo como la trufa ha aprendido a usar este “idioma químico” para comunicarse con los animales que la comen.

El CBD, el CBN, el CBG y otros cannabinoides que encontramos en los productos de cáñamo no hacen más que modular ese mismo sistema, aprovechando rutas que nuestra biología ya conoce. 

La moraleja es clara: el sistema endocannabinoide es una pieza central de nuestra fisiología, y tanto la naturaleza (trufas incluidas) como los productos con cáñamo de calidad –como los que encuentras en MariaJoana– están, de una forma u otra, hablando ese mismo lenguaje biológico.

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